Informes de Sustentabilidad, y el dilema de empresas e instituciones: to RSE or not to RSE.

9 octubre 2014
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Nuestra concepción de la sustentabilidad y su forma de realización, más las investigaciones realizadas por entidades empresariales de nivel mundial que describen análisis críticos de las prácticas y fundamentos que avalarían los informes de Responsabilidad Social Empresarial, RSE, y de Responsabilidad Social Universitaria, RSU, nos llevan a proponer un avance gradual hacia su reemplazo por Informes de Sustentabilidad.
Para definir el contexto es necesario puntualizar que la Responsabilidad Social Empresarial, RSE, aparece hacia fines del siglo XX en países desarrollados, y se refiere a la obligación que adopta voluntariamente una empresa para integrar en sus operaciones de negocio consideraciones de cuidado ambiental e impacto social. Es así que la RSE se utiliza para describir buenas prácticas del ciudadano empresarial y una forma de realizar negocios que siguen los lineamientos del así llamado desarrollo sustentable. Este último fue definido en 1987 por la Comisión Brundtland de la ONU como “el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de las futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades”. La idea subyacente era la de sustentabilidad, aunque nunca quedó claro por qué la comisión eligió el adjetivo “sustentable” sin nunca definir o asignar significado al sustantivo raíz “sustentabilidad”. Lo que sí ocurrió y continúa ocurriendo es que lo definido por la comisión en 1987 se interpreta como equivalente a sustentabilidad, lo cual ha quedado demostrado que es incorrecto porque son conceptos diferentes. (Ver reseña sobre esta diferencia conceptual en: http://tecsuma.cl/web/diferencia-sustentabilidad-ds/ )
El estándar internacional para RSE fue establecido por la organización Global Reporting Initiative, GRI, que utiliza indicadores (key performance indicators, KPI) en las dimensiones ambiental, económica y social (que coincide con la subdivisión establecida por los proponentes del desarrollo sustentable), y el análisis y combinación de resultados desemboca en la así llamadaTriple Bottom Line, TBL, para en definitiva dar cuenta del “desempeño de la empresa en sustentabilidad”.
Esta cadena de inconsistencias ha llevado a muchos a creer, en especial en nuestro país, que preparar un informe RSE, o RSU, es equivalente a mostrar el desempeño en sustentabilidad de la empresa o institución.
Pues bien, investigaciones recientes conducidas por sectores empresariales de países desarrollados indican que la metodología TBL del GRI hace muy difícil realizar comparaciones entre distintas empresas en lo referente a desempeño en sustentabilidad (o RSE…). Ello es así porque no es posible una directa comparación de los KPI sin antes normalizar los intervalos de tiempo que cada compañía utiliza para sus mediciones, y aún si ello se hiciera posible nos encontraríamos con que la dimensión ambiental es la única que utiliza indicadores cuantificables estandarizados (ejemplo, huella ecológica), ya que las dimensiones social y económica carecen de ellos. Resulta entonces muy difícil combinar los resultados en las tres dimensiones en una métrica única y significativa, lo cual hace imposible que sobre esa base se pueda asignar o comparar el desempeño en sustentabilidad. Por esta razón, muchos investigadores plantean que los informes RSE realizados sobre las bases aquí señaladas estarían en la práctica estimulando y avalando el “pintar de verde” empresas o instituciones aparentemente sustentables que en realidad estarían ocultando prácticas insustentables.

Necesitamos pensar la medición de sustentabilidad de empresas e instituciones de manera holística.

La sustentabilidad de una empresa o institución debe ser vista como un todo en vez de una combinación de tres partes componentes. Por ello, la medición de desempeño en sustentabilidad debe hacerse de manera sistémica y holística.
Está claro que poquísimas compañías o instituciones pueden responder categóricamente a las preguntas, “¿Cuáles de sus productos, procesos, servicios e instalaciones son realmente sustentables?”. “¿Es esta una organización sustentable?” Las respuestas requieren ejercer la habilidad de medir la sustentabilidad con un enfoque cuantitativo o al menos cualitativo.
Debemos volver al significado implícito o elaborado de la idea de sustentabilidad.  La idea literal original insinuada por el término es equivalente a permanencia e implica nociones de durabilidad, estabilidad y eternidad. John Ehrenfeld, un ex investigador del MIT experto en ecología industrial, ha elaborado sobre esta visión para expresar con notable elocuencia que “sustentabilidad es la posibilidad que los seres humanos y todas las especies vivientes prosperen (flourish) en el planeta tierra de manera perpetua”. De acuerdo a Ehrenfeld, realizar sustentabilidad significa que el desarrollo humano en las sociedades debe adecuarse a limitantes tales como el carácter finito de la disponibilidad de los recursos materiales, la capacidad límite de recuperación de los ecosistemas del planeta, no generar emisiones ni residuos de ningún tipo (zero waste), recuperar materiales de proceso y reutilizarlos con la misma eficiencia de los ecosistemas, utilizar energías renovables, minimizar la entropía de los sistemas de la empresa, y en definitiva proyectar la felicidad y el bienestar de los miembros de la comunidad.
Esto implica para cada empresa o institución un cambio de mentalidad y liderazgo, orientando las estrategias hacia generar una fuerza de trabajo dirigida no sólo por soluciones tecnológicas o de gestión tradicional sino que también por profundas convicciones de sentido social y planetario, con actitudes y valores por la sustentabilidad hacia dentro y fuera de la empresa y también hacia el bienestar de todo el planeta. Se trata de enfrentar la complejidad de la relación naturaleza-sociedad, privilegiando el enfoque interdisciplinario para buscar soluciones a los desafíos locales y, a través de ellos, a los grandes desafíos relacionados con la actual insustentabilidad del planeta (cambio climático, escasez de agua, pérdida de biodiversidad y otros de una larga lista), educando a la fuerza de trabajo en base a pedagogía transformadora que proyecte ética y valores, definiendo, de ser posible, los nuevos indicadores que deben expresar la sustentabilidad como lo que es: la manifestación externa de una propiedad de un sistema complejo… He aquí la principal dificultad: para realizar sustentabilidad los líderes deben dirigir este verdadero cambio, con estrategias de sustentabilidad basadas en la esencia del concepto (no es “desarrollo sustentable”), con perspectivas y miradas holísticas hacia el interior y hacia el exterior en relación a las tendencias y desafíos globales, con la habilidad de abrazar y dominar la complejidad, creando valor que es compartido con los involucrados (stakeholders) y la sociedad circundante, y con la habilidad de desarrollar profesionalmente a sus dirigidos y colaboradores para que la sustentabilidad sea una forma de vida.
En Tecsuma proponemos que este cambio de actitud y referentes se realice de manera gradual. De una evaluación limitada por la base conceptual del GRI se debe transitar de forma segura y decisiva hacia una valoración de la sustentabilidad de manera holística, para así al final de cada año presentar un categórico e inspirador Informe de Sustentabilidad.
Para revisar las investigaciones y análisis de nivel mundial mencionadas aquí, sugerimos revisar el resultado de buscar en www.google.com con la siguiente frase:“how can companies measure sustainability holistically?”      
Sugerimos también dirigir comentarios y consultas a info@tecsuma.cl

 

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